Cuando pasamos por situaciones en donde ya no hay salida, aunque parezca una locura, tenemos la oportunidad de saber que el siguiente paso, es ver al Señor abriendo un camino donde no lo hay; y a través de su Palabra, vemos cómo actuó en diversos momentos mostrando su OMNIPOTENCIA, su OMNISCIENCIA, su OMNIPRESENCIA.
Para mencionar un ejemplo, para mí, el saber y recordar cómo abrió el mar para que Israel pudiera atravesarlo y luego al cerrarlo, fueron liberados de esos egipcios a quienes nunca más volvieron a ver, es una fuerza que me acompaña para seguir adelante, porque sabiendo que Dios, es el mismo ayer, hoy y siempre, también tiene caminos abiertos para mi en donde no los hay. Es esperar en ese mismo eterno YO SOY que está actuando en el futuro del pasado de mi presente.
En el hermoso milagro de la multiplicación de los panes y los peces, con la guía de Jesús, Felipe se enfrentó a su no saber qué hacer. El mismo Señor Jesús le dio la oportunidad de rendirse ante Él para mostrarle que Él sí sabía lo que haría, es más, era algo que ya había realizado desde la eternidad y que tenía preparado el momento exacto para enseñarle a Felipe que Él ya tiene una provisión para cada necesidad, aun antes de que la necesidad exista y nos ayuda a reconocer que dependemos de Él.
Todos en muchos momentos somos ése Felipe, que solo necesitamos rendirnos ante Él, entregar nuestros personales «no sé qu´hacer», esperar y confiar.
Teniendo la oportunidad de experimentar como la Palabra de Dios está viva, porque al leer su Palabra, algunas veces el mismo versículo ha contestado una duda, me ha confortado en los momentos de desánimo, me ha dado valor ante el temor, me ha dado fuerza en la debilidad, es luz viva y constante en mi camino.
Gracias Señor por estar siempre presente, porque a través de tu Palabra, mi entendimiento se queda tan pequeño, cuando me imagino que tantos acontecimientos en el pasado, tantos consejos dados por profetas, tantas promesas entregadas, no sólo fueron para esos momentos específicos, sino que también estuvo mi nombre y la situación por la que estuviera atravesando, sea de paz, de conflicto, de duda.Siempre estás presente Señor.
A través de mi caminar con el Señor, me pongo a recordar todos esos momentos en los que le pedí algo, sé que me aferré con todo mi corazón que pronto recibiría un SÍ a mi petición.
Hoy cuando recuerdo parte de mi pasado, y lo hago no para patinar en sentimientos de culpa, o para darle paso a los indeseables «y si…» o «y si hubiera….» y todos esos adornos que incrementan nuestros pensamientos tortuosos, no lo hago con ese propósito, sino que lo hago para recordar que nunca he estado sola, y ahora años después con esa paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, puedo ver detalles que en la ofuscación de la súplica no puede ver. Y es en ese momento que mi pasado se vuelve un pilar muy fuerte en mi presente que me permite seguir adherida a mi Señor, estando expectante a su Presencia, a su respuesta.
Siempre respondió….siempre responde en la mayoría de veces respondió de manera grandiosa, de manera espectacular, y respondió a su tiempo.
Por eso hoy recuerdo cuando la profetisa Ana y Simeón esperaban que conocerían al Salvador del Mundo, Dios nunca ignoró sus deseos y en un día cualquiera, tuvieron la oportunidad de contemplar aquel bebecito a través del cual Jesús entró a este mundo.
Siempre anduvo dando vueltas en mi recuerdo, cuando Jesús le dijo a Nicodemo que había que nacer de nuevo. Esta afirmación de Jesús en este diálogo estuvo como un pensamiento efímero, un pensamiento vago que no terminaba de tomar forma.
Pero un día de esta semana, y gracias al Espíritu Santo, que no se cansa de mí, comprendí que ese nacer de nuevo es como decir borrón y cuenta nueva, es entregarle al Señor todo lo que hasta hoy hemos sido o hecho, es empezar de nuevo: si culpas, sin malos recuerdos, sin malos sentimientos…..
Escuchando un discurso sobre las tentaciones hubo una afirmación que seguramente escuché en otras ocasiones, y fue en este preciso instante en que la luz se encendió.
Cuando comprendí la magnitud de ese otro regalo del Señor, de que venció todas mis tentaciones, un calor profundo invadió mi corazón llenándolo de tanta ternura y agradecimiento, por que si el Señor venció todas mis tentaciones, es porque las padeció, es porque las sufrió, y las venció en su totalidad, no dejando algo a medias, las venció sabiendo que habrían algunas que yo ni siquiera tomaría en cuenta y en su inmenso Amor y en su infinita Misericordia, que nueva es cada día, se entregó, tuvo que padecerlas para vencerlas, no escogió las que yo apreciaría, las venció todas.
Y es así como me dolió el corazón cuando me dí cuenta que por una complacencia momentánea de mis pasiones estaba desaprovechando ese acto de amor.
Gracias Señor porque sabes exactamente por lo que estamos pasando, gracias Señor porque intercedes para que nuestra carga, nuestra lucha pesen menos y que sepamos que no vamos olos.
«Si nos quedamos sin nada, es porque Dios quiere que comencemos desde cero, de la mano de Dios.
Él quiere que ese negocio que vamos a hacer, aunque no seamos expertos, Dios nos va a dirigir, al igual que en las decisiones que vamos a tomar». Extraído de TU ERES UN MILAGRO
Recuerdo un pasaje en la Biblia que en que afirmamos que la Providencia de Dios ha abierto un camino en el mar y trazado rutas seguras por entre las olas; para que sepamos que Él cuida de nosotros aunque nosotros no sepamos navegar.
He aprendido, gracias a la guía del Espíritu Santo, a ver mis limitaciones como una cerca que me libra de salirme de los caminos de bendición que el Padre tiene para mí.
Cuando miro hacia atrás y recuerdo lo que afanosamente le pedía al Señor, cuando apretaba mis ojos con toda mis fuerzas, como si ese acto activaría alguna chispa de encendido veo muchas cosas que hoy agradezco al Señor cuando dijo «no» y en otras ocasiones he recibido lo que pedí después de un «no por el momento».
Cuando analizo lo que en esos momentos lo que representó una limitación para alcanzar mis objetivos, hoy agradezco que esas limitaciones estuvieron en esos procesos y puedo decir, gracias Señor porque al no conseguir esos propósitos, lo que Tú tenías preparado fue mejor de cualquier expectativa que yo haya podido imaginar.
Abracemos nuestras limitaciones, esperemos expectantes hacia donde esa cerquita a lo largo e nuestro camino nos lleva.
«La excelencia te impulsa a actuar con integridad. El conocimiento, a tomar decisiones sabias. El dominio propio, a mantenernos firme ante las tentaciones. La perseverancia, a no rendirnos ante las pruebas. La devoción, a vivir con un corazón rendido a Dios. El afecto fraternal, a amar a nuestros hermanos en la fé. Finalmente, el amor, a reflejar el corazón del mismo Cristo».