Hablando nuevamente del acontecimiento en el que el general Naamán recibió su sanación, 2 Reyes 5, llama mi atención que el éxito de este milagro se completó cuando una jovencita que estaba a su servicio llevó la noticia del profeta Eliseo, quien podía devolver la salud a Naamán. También dentro de este tema, están los sirvientes que convencieron a Naamán de obedecer la instrucción del profeta.
Pienso que en esos momentos tan exactos realizaron la obra de «cirineos», ayudando a Naamán en la carga de su cruz, no callaron y de esta manera llegó a Naamán la indicación de obedecer.
No menospreciemos a esos cirineos a través de los cuales nuestro Padre nos manda su amor, alguna indicación, alguna guía. Ni callemos cuando el Padre nos utiliza para ser los cirineos de alguien más.
Pienso que a través de los años, las muchas traducciones de la Biblia, presenta variaciones principalmente porque no se encuentra una traducción exacta de algunas palabras que en hebreo o en arameo, pueden traducir con fidelidad el significado.
Pero me pongo a meditar, por ejemplo, en el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, todos fueron saciados de manera física según su necesidad, lo que a unos sustentó fue menos o más de lo que sustentó a otros.
Es increíble como cada uno fue saciado de manera personal y como hubo sobras para recoger.
De la misma manera cada variación en las palabras traducidas, lleva como objetivo llegar, aunque de diferente manera, de manera personal a cada uno de nosotros. Es esa provisión que Dios tiene preparada desde la eternidad mucho antes de que la necesidad exista. Estamos en esta tierra en el lugar y en el tiempo exacto que nuestro Padre escogió, así su palabra llega de manera personal. No hay barreras de idioma.
En el libro 2 de Reyes, específicamente en el capítulo 5, se narra la historia del Naamán, un competente general del rey de Siria, quien ante su padecimiento de lepra, escucha consejo de ir a visitar a Eliseo, hombre de Dios, quien podría devolverle la salud.
Cuando llega donde el profeta Eliseo, éste le manda a decir con su sirviente que lo que tiene que hacer es bañarse siete veces en el río Jordán. No pareciéndole a Naamán la respuesta decide irse. Gracias a la intervención de sus sirvientes decide seguir las órdenes de Eliseo y al realizar lo prescrito por el profeta, recibe sanidad.
Pienso en todos eso momentos en los que he estado a punto de perderme de la presencia de mi Señor, porque al pedirle algo, sin dudar de que me escucha y si es su Voluntad, lo he de recibir, pero todo puede quedar a mitad del camino cuando lo que espero, lo espero de acuerdo a mis limitadas expectativas.
Dios no se rige por expectativas humanas, no se apura ante nuestra urgencia, Él tiene el absoluto control de todo, conoce y ve todo desde su perspectiva y sabe cuando estamos listos para recibir la bendición de su presencia.