TENTACIONES

Me encanta el hermoso consejo de que no hay que dialogar con las tentaciones.
Yo pensaba que el reconocer una tentación era lo único que se necesitaba para declararnos vencedores, que pobre ilusa fui y lo peor estaba revestida de soberbia, pero como siempre el Espíritu Santo en su inmenso amor y en su infinita misericordia que es nueva cada día, con mucho amor tomó mi mano y me guio al camino verdadero y me enseñó que al detectar una tentación debo hacer uso de la armadura de Dios para resistir.
Al reconocer una tentación lo primero que debemos hacer es apartarnos de ella, es huir, y en muchas ocasiones, mi errónea manera de actuar hizo que abriera las puertas de par en par, es más hasta preparé un salón VIP y salí a buscarla…..que grave error. Porque entró, se quedó no solo un momento sino que disfrutó viéndome revolcar en el fango hasta que pude nuevamente tomar la mano misericordiosa del Padre para ponerme de pie nuevamente. Y ante el sentimiento de culpa que me quedaba aprendí que mi Dios es un Dios de oportunidades y de nuevos comienzos, y recordé las palabras de san Pedro: «porque Tú lo dices Señor», así que cada vez que caí dije la misma afirmación una y otra vez, una vez y otra vez y tomé la mano siempre extendida de mi Señor.
Siempre hay momentos, cada vez menos, en los que sigo cayendo y gracias a esas caídas experimento el inmenso amor y la infinita misericordia de mi Padre. Aprendo cada vez un poquito más a someterme y pedirle ayuda reconociendo que sola no puedo y la ayuda viene con solo haber resistido un poquito como Él nos dice.
Al resistir es un gozo de larga duración, el caer es solo una micro partícula de tiempo que nos produce un poquito de bienestar.
Sigamos resistiendo y no dialoguemos con la tentación.

































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