Al leer la Biblia desde mi juventud, hubo partes de versículos que gracias al Espíritu Santo, se grabaron en mi corazón, también hubo episodios que de manera muy especial se mantuvieron en mi recuerdo.
Hoy comprendo que todas esas lecturas son promesas que han llevado mi nombre desde la eternidad.
Hoy atravieso una situación bastante difícil y he comprendido que para que estas promesas no solo se queden como algo que puedo contemplar y admirar, tengo que pasar por este momento para recibirlas, para vivirlas en mi propio ser.
He recordado mucho el episodio en el que el rey Josafat es amenazado con un ataque de una muchedumbre comprendida por tres diferentes ejércitos y mucho más numerosos que su ejército y he aquí que me he reflejado en esta situación:
1. En esa amenaza de ataque en su propia tierra….yo he recibido una demanda de desalojo.
2. El rey tuvo miedo y se recurrió a Dios…..mi temor alcanzó el grado de terror y recurrí a mi Señor.
3. Cuando el profeta Jahaziel le dijo que no tenía porqué temer porque la guerra no era de él sino de Dios, que no tendría que pelear, que les hiciera frente y vería como Dios los salva.
Yo abrazo cada día esta promesa, que me llena de fuerza en la espera, porque me imagino entre esas personas que estuvieron presentes cuando el profeta dijo lo que Dios le había comunicado.
Y como hicieron todos ellos al escuchar la promesa del Señor, se inclinaron y lo albaron, porque lo conocían, creyeron en ese Dios, Creador del universo, ese Dios que tiene el control de absolutamente todo, ese Dios que trabaja todo en conjunto para nuestro bien, ese Dios que ha cambiado mi luto en alegría……no terminaría nunca de enumerar todos sus atributos. Sólo sé que ese Dios que comunicó al rey Josafat que estaba con él y que no tenía porqué temer, es el mismo Dios que cada día me recuerda de manera muy personal que no tengo porqué temer, es ese Dios que me dice «estad quietos y sabed que yo soy Dios»
Y al meditar en sus promesas me ayuda a mantenerme firme en el transcurso de la situación ante esos pequeños pelos que aparecen en la sopa, ante esas pequeñas piedrecitas que se atraviesan en el camino, no pensando que porque aparecen es porque no voy a recibir el cumplimiento de su promesa, sino más bien que esos detallitos son para seguir aprendiendo a depender de Él, a tener la oportunidad de ver sus maravillas, que son un preámbulo a su forma de actuar.
GRACIAS AMADO SEÑOR
