ESPERANDO EN EL SEÑOR
Confiar en el Señor, nos proveerá de todo lo que necesitamos en el momento perfecto y su manera».
CHARLES STANLEY
En el hermoso y poderoso HÁGASE de Dios, todos venimos a existir y como dice en su palabra, Él escogió con exactitud un tiempo y un espacio para cada uno de nosotros.
Muchas veces, por no decir la mayoría de las veces, etiquetamos a las personas con nuestros propios criterios, atendiendo a lo que vemos superficialmente sin conocer sus corazones como los conoce Dios. Pero en su palabra me doy cuenta de que todos somos parte de su Plan y estamos presentes en sus propósitos.
Recuerdo solo algunos ejemplos, que fueron parte de situaciones difíciles e incomprensibles como el caso de Senaquerib al querer invadir el Templo, fue detenido por el Ángel del Señor a escasos pasos de atacar, cómo de repente algunos pueblos decidieron invadir al rey Josafat sin motivo alguno, y Dios se hizo cargo de esa batalla, la acción de Rahab quien no había podido llevar una vida más decente, el emperador romano quien exigió el empadronamiento de los israelitas en la ciudad a donde pertenecían y que hizo que José y María se dirigieran a Belén justo en el momento preciso para recibir a Dios en su presencia humana……..y así cada vez que leo la Palabra de mi Padre amado, voy incrementando esta lista y recuerdo también algo que dice que no hay que decir, ¿por qué esto? ¿por qué aquello? ¡esto es malo!: porque Él mismo afirma que todo en su debido momento tiene su razón de ser. Y encuentro gran bendición que después de cada situación hubo el propósito divino de mostrarse en todo su esplendor.
Todo y todos tenemos un propósito divino en el Plan de Dios, nada se mueve sin que Él no lo permita, si por algún motivo estamos atravesando algo que no entendemos, algo que altera nuestra paz o si por alguna razón hemos abierto la puerta al pecado, no dudemos del inmenso amor de Dios, de su infinita Misericordia que es nueva cada día y levantémonos tomando su Mano siempre extendida, pongámonos en pie y digamos con certeza, así como lo dijo Pedro cuando el Señor lo invitó a volver a tirar sus redes: «una vez más Señor porque tu lo dices»
Meditando en las dos ocasiones en que el Señor Jesús calmó la tormenta, aprendo, gracias al Espíritu Santo, que no se cansa de mí, que en una de las ocasiones, Él no estaba físicamente en la barca, pero estaba pendiente de mí, se acercó, se subió y calmó la tempestad. ¿Qué me dice de manera muy personal? que lo único que necesito hacer es esperar en Él, confiar en Él y tener mi vista en su rostro, en el rostro del eterno YO SOY. Porque antes de subirse a mi barca se identifica y dice «no teman SOY YO».
En la otra ocasión va en la barca cuando se desata un tempestad, atiende nuestra desesperación, comprende nuestro miedo, se levanta y calma una vez más la tempestad, ¿Qué me dice de manera muy personal? que siempre va a mi lado, que su presencia física de verdadero Dios y verdadero Hombre, va en mi barca. Y que en esta ocasión en su condición de hombre conoce sentimientos de soledad, de ansiedad, de tristeza, de dolor, de traición…….y que está dispuesto a enfrentar cualquier tormenta por mí y junto a mí.
¿Y por qué permite que atraviese por una tormenta? para enseñarme que Él ya se hizo cargo de cualquier tormenta desde la eternidad y si permite que yo la atraviese, es para enseñarme que Él va conmigo, es para que al verle solventar la tormenta, es para sacudir el polvo que ha envuelto mi fé y para recibir mi próxima dosis de fé.
También me doy cuenta de que si utilizo mi barca, es para ir hacia otra orilla, es para lanzar mis redes y obtener mi pesca del día, y con Él en mi barca, con seguridad llegaré a la otra orilla y recogeré mis redes con la bendición de la pesca de cada día.
Jesús va con nosotros, no temamos, y si no podemos evitar el sentir temor, cerremos los ojos y agarremos con fuerza su manto.
En la primera carta de Samuel, 1 Sam 15, 22 el Señor nos enseña que el obedecerle es más valioso que cualquier sacrificio, lo que nos enseña que Él está interesado en que estemos dispuestos a entregarnos a su voluntad, aún cuando esto implica renunciar a deseos personales.
También pienso, de manera muy personal, que muchas veces pensamos que a través de nuestras acciones pensamos que podemos mejorar la voluntad de Dios, Saúl decidió, además de no acabar con todos los amalecitas, como el Señor lo había ordenado, decidió usar el ganado para ofrecerlo en sacrificio al Señor. Muchas veces nuestra soberbia, nos hace pensar que podemos ser consejeros en lo planes del Señor y sin consultarle decidimos actuar, y lamentablemente tratamos de agradarle con algo que ni siquiera es nuestro, como el ganado que Saúl quiso ofrecer que le había pertenecido a otro pueblo.
Nuestra ofrenda al Señor debe de ser personal, por eso en su inmenso amor y su infinita misericordia nos da la oportunidad de a través de nuestra obediencia podamos mantener de ofrendarle de manera personal.
Cada día enfrentamos la lucha entre la carne y el Espíritu, porque cuando hemos probado un poquito de Dios, nos volvemos sedientos y hambrientos de seguir recibiendo más de Él.
Esa lucha en la cual la carne tiene una presencia muy fuerte, trabajando en nosotros con tantos aliados como el temor, las tentaciones, el pecado…… y cuando abrimos una pequeña rendija se enfoca que nos suceda como le sucedió a Israel, quienes después de haber sido liberados de Egipto de maneras espectaculares, pronto olvidaron como Dios los sacó, y a pesar de que los acompañó durante su trayecto a través del desierto, les faltó valor para poseer la Tierra Prometida, se olvidaron del Dios vivo que estaba con ellos y sin darse cuenta confiaron en sus propias habilidades, que resultaron inadecuadas y con muchas limitaciones.
Ayúdame Señor a no olvidar tus hazañas tan personalizadas en mi vida y a cimentar mi fe en las palabras que pusiste en labios de Moisés antes de cruzar el mar, esas palabras que nos dicen que no temamos y que permanezcamos firmes, que veremos tus obras, veremos como nos rescatas cada día y como te haces cargo de todos esos egipcios que nos persiguen, que solo miraremos y que nunca más los volveremos a ver.
¡GRACIAS AMADO PADRE!