ESPIRITU SANTO
CHARLES STANLEY.
Pienso en la epístola a los filipenses que san Pablo escribió desde su prisión en Roma, y admiro cómo su entrega al ministerio que le fue encargado por Dios, no le impidió llevarlo con excelencia.
No sé si en algún momento se preguntó de ¿por qué se encontró encarcelado tantas veces, si el Señor lo había escogido para predicar su Evangelio?…..no lo sé…..lo que sí sé es que no importó en la situación que se encontró, simple y sencillamente siguió las órdenes del Señor y estando prisionero, supo que en esa situación, en ese lugar, tenía la oportunidad de servir al Señor de acuerdo a su divina voluntad y no como posiblemente san Pablo pudo desear hacerlo.
Para mí es un gran aprendizaje, saber que no necesito estar donde pienso que es el mejor lugar, o encontrarme en el mejor tiempo, según mis criterios personales, lo importante es mi SÍ SEÑOR, y ofrecerme para ser instrumento a través del cual fluya la bendición para nuestros hermanos.
MUCHAS GRACIAS SAN PABLO
LA VIDA DE JESUS:
LA MUERTE DE JESUS:
LA ESURRECCION DE JESUS:
Todo concerniente a Jesús parecía imposible, pero Dios es poderoso para haceer mucho más de lo que imaginamos. Por tanto, recuerda al Dios que sirves, y anímate: a Dios nada puede sorprenderlo. Él conoce el final desde el principio de los tiempos. Sus propósitos no pueden ser frustrados. Su carácter nunca cambiará.
YouVersion
En la Biblia encuentro una innumerable cantidad de personajes, reyes, personas comunes y corrientes, que me han dejado una enseñanza de mucho valor, y la enseñanza tiene un común denominador para cada uno de ellos: ESCUCHA, CONFIA Y OBEDECE.
Recuerdo en el Crónicas 20, 17 cuando el rey Josafat se enfrenta con la amenaza de ser atacado por un ejército más numeroso con el que él contaba, enfrentaba una amenaza de ataque cuando no había un motivo.
El rey convocó a todos, proclamó un ayuno e invocó a Dios, recordando que es un Dios Todopoderoso, siempre presente y el Señor a través de un profeta mandó a decirle al rey que no tenía por qué preocuparse, le explicó que la batalla no era de él sino del Señor, le dijo que no tendría que pelear y que les hiciera frente, reafirmó que no tenían porque temer ni acobardarse, que la batalla le pertenecía al Señor. Les dijo que fueran y les hicieran frente.
¿Qué hizo el rey Josafat y todo el pueblo?
Escucharon al Señor, confiaron cuando después de haberles dicho que no tendrían porqué pelear, les mandaba que fueran y que les hicieran frente. ¿Cómo podría ser esto? ¿Cómo es que tendrían que presentarse a la batalla y no pelear? No importó lo que hubieran podido pensar en ese momento, simple y sencillamente confiaron y obedecieron.
Se presentaron y cuando comenzaron a alabar al Señor en su camino a la batalla, Dios intervino y se hizo cargo de la batalla. No tuvieron que pelear y se retiraron a sus casas con un botín que tardaron tres día en recoger.
Mi Dios está presente en cualquier acontecimiento sin importar la circunstancia ni el tiempo, solo sé que en cada situación puedo encontrarle y tener la oportunidad de escuchar, confiar y obedecer.
¡GRACIAS SEÑOR !
Cuando comencé a fomentar cada día mi lectura en la Palabra de mi Padre, uno de los personajes que cautivó mi corazón fue Caleb, en primer lugar cuando fue nombrado para ir a inspeccionar la Tierra Prometida con otros hombres de la tribu, él y Josué fueron los únicos que dando un buen testimonio de lo que habían visto, estaban agradeciendo a Dios. Nu. 14, 5-7, confiaron plenamente en el Señor y no se amedrentaron ante el esfuerzo que tendrían que hace, ante lo que tendrían que renunciar, ante lo que tendrían que enfrentar….. recordaban y confiaban en el Dios Todopoderoso que los había sacado de Egipto, que los había guiado y protegido en su paso por el desierto, el Dios que los había alimentado y saciado su sed.
Cuando iniciaron la conquista, Caleb no reclamó el hecho de que había llegado su momento para poseer su parte, ayudó con su fuerza, su estrategia, sus talentos y dones peleando junto a sus hermanos para que cada uno recibiera su parte. Y fue al final cuando recordó una promesa de Dios que mantuvo viva y le llevó a reclamar su preciada porción.
Me encanta cuando hizo un recuento de la edad que tenía cuando inició su viaje a través del desierto y 45 años más viejo, gracias a su entrega al Señor confesó que sentía la misma fuerza para conquistar y poseer su tierra.
¡Qué invencibles somos al confiar en nuestro Padre!
Hace aproximadamente doce años atrás y debido a una escasez económica que atravesaba, me retrasé en el pago de la renta de la propiedad que alquilaba. No voy a entrar en detalles porque no le quiero quitar importancia al hecho de que por primera vez me apropiaba de una de tantas promesas que el Señor tiene para mí y que va revelando cuando Él considere que estoy lista para hacerlas mías.
La promesa está en el libro de Éxodo 14, 13 «No teman y permanezcan firmes, y verán de que manera Yahvé los va a salvar. Miren a todos esos egipcios, que hoy ven, nunca más los volverán a ver. Yavé peleará por ustedes y ustedes solamente mirarán».
En ese preciso momento gracias a la acción del Espíritu Santo que no se cansa de mí, comprendí que Dios se haría cargo de la situación, y aunque yo esperaba su respuesta y su presencia como yo pensé que sería, todo se resolvió a la manera y en el tiempo de Dios. Ví a ese egipcio sucumbir en las profundidades del mar y me llené de gozo al recibir la victoria que Dios había ganado para mí.
Desde entonces esa promesa es repetida y esculpida una vez más en mi corazón cada día, es una constante alabanza al recuerdo de su presencia siempre viva en mí.
Hoy vuelvo a experimentar una situación igual, esta vez no es por escasez económica, y no puedo explicar como el mantener viva esta promesa, llena mi alma y todo mi ser de la Paz de Dios, esa Paz que sobrepasa todo entendimiento y guarda mi corazón y mi mente en Cristo Jesús.
Hoy mi deseo, claro siempre es que esta nueva amenaza llegue a su fin, pero en el proceso el Señor ha tocado mi corazón y mi deseo es descubrir otro pedacito de su presencia, es encontrar lo nuevo que Él tiene para mí, lo nuevo que desea que aprenda y lo más sorprendente es que estoy aprendiendo a pedir con todo mi corazón por los que van a entablar esa demanda.
¡GRACIAS AMADO PADRE!
Ultimamente me he dado cuenta, gracias a la guía del Espíritu Santo que no se cansa de mí, de que las tentaciones me han dado la oportunidad de aprender algo nuevo, de ver algo que ha estado enfrente de mis ojos y no lo veía.
En mi adicción por todo lo dulce y lo abundante en carbohidratos y siendo una persona diabética, esa lucha por resistir y huir de la tentación, es a veces una tarea extremadamente difícil y ante mi debilidad dócilmente me entrego a la complacencia de mi carne, una complacencia que me proporciona deleite por tan solo un momento.
He aprendido a encontrar paz y una razón ante algunas veces en las que no he podido resistir, y no es que en la próxima vez me entregue a la tentación con el pretexto de que algo aprenderé. Definitivamente NO, pero por ejemplo el día de ayer después de haber caído, reanudé nuevamente mi propósito de hacer un mejor esfuerzo, ofrecí como mortificación evitar cierto alimento, y al iniciar el día para desayunar, se me presentó ese alimento con la mejor disponibilidad, entonces comprendí que mi caída del día de ayer, llevaba el propósito de descubrir una vez más las astutas artimañas del diablo, porque decidida a hacer un mejor esfuerzo, vieno la tentación exacta y puntual donde adolezco, es porque lo que estoy haciendo está bien y él quiere desviarme del propósito.
Cada día es una batalla y gracias a mi Señor he comprendido que ninguna de mis acciones le sorprende, que gracias a su inmenso Amor y a su infinita Misericordia en cada caída puedo tomarme de su Mano siempre extendida, ponerme de pie y con mucha confianza decirle «una vez más Señor, porque Tú lo dices».