¨Moisés bajó de la montaña del Sinaí con las dos tablas de la ley en su mano. Moisés no sabía, al bajar de la montaña, que su rostro irradiaba luminosidad por haber hablado con el Señor¨. Ex 34,29
Cuando nos acercamos a Dios para pedirle ayuda, la forma en que comenzamos la larga lista de nuestros requisitos, lo hacemos como si nos acercáramos a la ventanilla del autoservicio de algún restaurante de comida rápida. Esperamos que Dios tome la orden, sin tener que repetir y de la misma manera esperamos la entrega del servicio rápido.
Muchas veces nos acercamos por un instante, en el momento de la necesidad.
Cuando Moisés subió a la montaña, estuvo un buen rato de su tiempo con el Señor, hubo conversación, seguramente tubo la oportunidad de dar sus puntos de vista o sugerencias, habló, escuchó y volvió a opinar, posiblemente pudo haber sido de alguna manera similar este acontecimiento.
Cuando somos nosotros los únicos que hablamos, no niego que logramos experimentar una mini partícula de un leve asomo de tranquilidad, no paz, sino tranquilidad porque lo que acabamos de hacer es terapia de catarsis con nosotros mismos. Pero la intranquilidad vuelve una y otra vez, es como tomar aquella pastilla que solo alivia el dolor pero no nos sana, hasta que no tomamos el medicamento correcto.
Compartamos más tiempo con el Señor, no solo en la petición, Él nos espera siempre 24/7, dejemos que el brillo del Señor, brille sobre nuestra enfermedad, sobre nuestra escasez, sobre la falta de trabajo, en la soledad, en la depresión…..busquemos todas las partes que necesitan ser engalardonadas con el brillo del Señor y pasando tiempo con Él sabremos como depositarlas a sus pies.
SIENDO AGUILAS
El águila es considerada como la reina de las aves, majestuosa por excelencia. Ningún otro pájaro alcanza las alturas por las que esta hermosa creación de Dios, se desplaza y su vista no pierde el objetivo de su presa.
Cuando confiamos en Dios, cuando esperamos en Él, cuando no desviamos la vista de su eterna presencia, nos fortalecemos en la espera y llegamos a comprender y a experimentar que absolutamente todo lo que viene de Él es siempre lo mejor.
Este versículo nos asegura que volaremos como un águila, cuando las preocupaciones, los ataques del enemigo, cuando nuestro corazón se aprieta ante la necesidad, la falta de empleo, problemas familiares, escases económica todo lo que de manera personal nos encadena al conflicto, no perdamos de vista el objetivo de la presencia de Dios.
Cuando nos desesperemos porque no podemos ver la solución, la salida, es porque estamos viendo a nivel del suelo, es porque confiamos en nuestra autosuficiencia, es porque escuchamos consejos de voces equivocadas.
Si antes de tomar alguna decisión, de emprender alguna actividad, lo llevamos a los pies de nuestro Padre y esperamos, veremos desplegar las alas de nuestra confianza e iniciaremos ese majestuoso vuelo como las águilas.
Es con la guía del Espíritu Santo, quien intercede por nosotros ante el Padre, que recibimos esa fuerza desconocida que nos impulsa hacia adelante sin cansarnos.
NO HAY PUERTA QUE SE RESISTA
¨Yo iré delante de ti, y aplanaré las pendientes, destrozaré las puertas de bronce y romperé las trancas de hierro¨. Is 45, 2.
Con la ayuda del Espíritu Santo podemos meditar en este versículo haciendo nuestra la Palabra de Dios dirigida.
Dios le habla a un rey pagano, igualmente pudo haber sido a un soldado, a un joven, a un padre de familia, a un recaudador de impuestos, sin buscar un sabio entendido o un calificado académico. Dios dirige cada día su palabra a gente común, a pecadores como todos nosotros, nos asegura que irá delante de nosotros. ¿Cómo no celebrar victoria en cada situación, sea cual sea el resultado inmediato, si Dios nos dice que irá delante de nosotros? Es luz en nuestro camino, guía nuestros pasos, dirige el camino, y es más su promesa va más allá cuando nos confirma que cuidará de nosotros, abriendo lo que se tenga que abrir, ya sean puertas de bronce o un camino por entre las olas.
Sigamos adelante, el mismísimo Dios dueño y creador del universo y nuestro amado Padre ilumina el camino, cuida que no tropecemos y abre puertas de oportunidades, rompe trancas de hierro que nos mantienen prisioneros en la enfermedad, en relaciones indebidas, en vicios, las trancas que nos impiden seguir prosperando, el impedimento de encontrar trabajo…….
Busquemos que puerta es demasiado pesada, busquemos que tranca nos impide seguir adelante y sometamos los anhelos y deseos más profundos de nuestro corazón al Padre y que se haga de a cuerdo a su voluntad y no a la nuestra, que se haga de acuerdo a su manera y en su tiempo.
EN MI BARCA
Mc 4, 35-45
Muchas veces cuando la oscuridad de los problemas se apoderan de nuestro ser, cuando la ansiedad y la angustia se pasean a través de nuestros huesos, aparece el hermano mayor: el miedo, haciéndonos ver fantasmas donde no los hay y cosas que no se pueden ver toman forma ante nuestros ojos.
Recuerdo el pasaje que narra cuando en la tormenta los discípulos confundieron al Señor con un fantasma o cuando Pedro se asustó al ver el viento enfurecido. Nunca he visto el viento, creo que su propiedad de invisibilidad lo va a ocultar siempre.
He aprendido y sigo aprendiendo que no es malo tener miedo, los discípulos tan cercanos al Señor sintieron varias veces miedo, aun teniéndolo en la misma barca.
Dios no enseña que ante la tormenta solo tenemos que tener la mirada fija en su rostro, en el rostro del eterno YO SOY, nos enseña que va sentado a nuestro lado en la barca permitiéndonos gozarnos de su compañía listo para increpar a la tormenta de la cual ya se hizo cargo desde la eternidad.
Entonces me pregunté un día el porqué las tormentas y gracias al Espíritu Santo comprendí que son una hermosa oportunidad de verlo en acción. El ya se hizo cargo de todas y cada una de nuestras tormentas desde la eternidad pero nos da la oportunidad de verlo en acción, de ver que somos, creemos y servimos a un Dios vivo y verdadero, siempre presente. Es una oportunidad de sacudir el polvo de nuestra fe, es esa inyección de super vitamina para nuestra fe.
Es tan especial nuestro Padre que hasta las tormentas han sido permitidas de manera personal, para cada uno de nosotros, y todas llevan su esencia, su voluntad su propósito.
Sepamos que la siguiente tormenta ya descansa en paz gracias a Jesús que va en nuestra barca.
PACIENCIA EN LA ESPERA
Afianzó mis pies sobre roca y le dio firmeza a mis pasos¨ Sl. 40, 1-3
En momentos de sufrimiento causados por los problemas de salud, económicos, familiares, relaciones equivocadas, ataduras a vicios….nos hundimos cada vez más en el temor, en la desesperanza, nuestros pies buscan en vano una porción sólida en el pantano que nos encontramos.
El rey David compone este salmos cuando atraviesa por una de tantas situaciones difíciles por las que le toco caminar.
En su momento de desesperación Dios pone estas palabras en su corazón y gracias a un momento inentendible para él en ese momento, origina un grito de auxilio y de dolor, una súplica que ha permanecido viva y que cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de clamar al Señor a través de esas palabras.
Lo primero que él dice es que pacientemente esperó en el Señor, o sea tenía la certeza de que sería escuchado y atendido. Los problemas no tienen botón de apagado, no son resueltos de manera inmediata ni mucho menos con nuestros propios esfuerzos. Esperar en el Señor es seguir de pie, creyendo contra toda corriente aunque no divisemos una salida.
No nos cansemos de creer, de esperar, los tiempos y las maneras del Señor son perfectas. En el transcurso de la espera y a través de nuestra oración veremos como el Señor se inclina también a nosotros y cuando menos lo esperemos ni la manera que imaginamos, seremos rescatados del pantano, y no solo seremos sacados sino seremos colocados sobre roca y nuestros pasos serán fortalecidos. El Señor no hace las cosas a medias.
Pensemos en este momento ¿porqué sentimos desesperanza? ¿en qué pantano nos encontramos? Todos experimentamos esa sensación de querer salir del lodo pero sólo tenemos que esperar pacientemente un poco más y veremos nuestros pies ser fortalecidos sobre la roca fieme.
ESCOGIENDO
El Señor no ignora por cada situación por la que estamos atravesando, llega hasta donde estamos y nos enseña que conocía cada batalla y que ya la libró por nosotros y al acercarse en esos momentos tan cruciales en nuestra vida es para hacernos entrega física de lo que El ya se hizo cargo mucho antes de que el conflicto existiera.
No escojamos las ataduras de la carne a la presencia viva del Señor en nuestra vida, no permitamos que la rutina del pecado sea un muro que nos impida recibir lo que el Señor tiene para nosotros.
Es muy difícil desear ser libres de cualquier pasión desenfrenada, de una tendencia al alcohol, a la droga, al sexo, a la glotonería, a la avaricia …. pero es bueno comenzar reconociendo que solos no podemos en esta lucha y que si estamos agotados de tratar y fracasar es porque lo hemos hecho sin el Señor.
Cuando el pecado es costumbre y parte de nuestra vida, la sola presencia de Cristo nos perturba, ni lo buscamos y hasta lo rechazamos.
No escojamos a los cerdos, permitamos que el viaje que ha realizado hasta donde estamos sea recibido en nuestros corazones y el inicio de una nueva vida para nosotros.
PROVISION
Cuando le dice a Felipe que hay que alimentar a la gente, en una de las multiplicaciones, lo ayuda a enfrentar y a decirle que no sabe que puede hacer, y es en ese momento en que El le muestra que sí sabe lo que hará, que lo sabe desde la eternidad, es más, ya lo hizo desde la eternidad y es así como hace llegar a cada persona una provisión que existe mucho antes de que la necesidad exista.
Cuantas veces el Señor ha actuado en nuestra vida sorprendiéndonos la forma como nos ha guiado para movernos en situaciones difíciles o cuando la provisión económica ha llegado de maneras inesperadas. Recibiendo su presencia ante diversas situaciones, nos olvidamos que El no es un Dios de un momento y que luego nos abandona. Es un Padre amoroso, es nuestro Padre que conoce anticipadamente nuestras necesidades y las ha cubierto mucho antes de que existan.
Nos reprende haciéndonos recordar las dos ocasiones y las sobras que se recogieron y los canastos que se llenaron.
En nuestro afán nos olvidamos de ese preciso evento, de las sobras recogidas y los canastos llenos.
Cada sobra en un pedacito vivo de El, un pedacito para cada momento de nuestro día, una provisión guardada en el canasto de nuestro corazón para cada necesidad que aún no existe y que fue cubierta.
Al sentirnos agobiados por los diversos afanes solo recordemos cuando nos dice ¨…y aun no entienden…¨ Que el Espíritu Santo nos siga guiando en ese recuerdo para no olvidar que llevamos la provisión hasta para aquella necesidad que no existe todavía.
UN SÍ INMEDIATO A LA VOLUNTAD DE DIOS
Siempre debemos tener presente que Dios tiene una plan perfecto y personal para cada uno de nosotros, planes de amor. Comencemos ante todo qué espera El de nosotros al permitir tales situaciones, qué debemos aprender y tengamos la seguridad que El siempre tiene el control de todo y que trabaja todo en conjunto para nuestro bien. ROM. 8, 8.
En Lc. 5, 11 cuando Pedro regresa de realizar una pesca fallida que duró toda la noche y al día siguiente regresa para recoger sus redes vacías, no se resiste ante la sugerencia de Jesús, quien no se encontraba ahí por casualidad, sino más bien en el momento justo y perfecto, y obedece ante la sugerencia de volver a tirar sus redes, es más confirma su acción con un hermoso ¨porque Tú lo dices Señor…¨ Todos sabemos del resultado de ese sí….porque Tú lo dices Señor…
Cuando en el corazón acompañamos nuestro sí con la certeza de que nos hemos dejado guiar por el Señor, aunque no tengamos ni la más mínima idea de la situación, cuando celebramos nuestro triunfo, aún desconocido, en su nombre, y humildemente decimos un ¨porque Tú lo dices Señor¨ aceptamos que en esta vida nada se mueve sin que Dios lo permita, entreguémonos al Señor dejando que nos guíe hacia otras aguas. No nos quedemos en la seguridad de la orilla, dejemos conducirnos a esas hermosas aguas profundas llenas de su presencia, de sus bendiciones, tiremos nuestra red en el lugar que nos indique y la bendición de seguir aprendiendo a confiar en El, nos hará gritar un hermoso ¨todo lo puedo en Cristo que me fortalece…¨como un día san Pablo lo afirmó.
SIGUIENDO DE LEJOS
Sin embargo después de encarcelarlo le dio muerte, porque las espinas de la presión de quedar bien ante el mundo pudieron más que la voz de su corazón. Como dice san Pablo: no hacemos lo que el Espíritu quiere y sí lo que la carne quiere. (Mc. 6, 14-29).
Cuantas veces sentimos el corazón henchido de gozo después de celebrar la Santa Eucaristía, o al ser movidos por un sermón, una canción, alguna lectura o alguna palabra escuchada, pero a veces casi inmediatamente, o después de algún tiempo aquello que tocó nuestro corazón se desvanece, como la semilla que cae en tierra árido o la que es abatida por la maleza y las espinas. Será porque caminamos y conocemos al Señor únicamente desde lejos?
Caminamos sin entrega, sin compromiso, muy fácilmente lo ponemos abajito de nuestros compromisos, nuestros deseos, decapitamos muy seguido la Palabra depositada en nosotros porque la opinión del mundo es más fuerte.
Comencemos a seguir al Señor de cerca, no dejemos esta decisión para después, encarcelada su Palabra no dejamos que dé frutos en nuestro corazón.
No sigamos sacrificando esa cercanía antes los compromisos y circunstancias de la vida.
SIEMPRE TRES VECES
En las dos veces que el el Señor multiplicó los panes Mc. 8, 1-10, después de sentir una inmensa compasión por las personas que llevaban ya TRES días siguiéndole, TRES días junto a El, TRES días sin comer, Jesús sabiéndolo, como lo sabe todo, se compadeció y no quiso despedirlos sin antes darles de comer para que no fueran a desfallecer en el camino.
Esos TRES días fueron suficientes para recibir la acción de Jesús, esos TRES día deben bastar en nuestra vida y permitir que nos preparemos para disfrutar de lo máximo del Señor. Después de esos TRES días de los que cada uno de nosotros posee, no solo para un uso, o para un propósito, son TRES días de la constante presencia y cuido que el Señor tiene de nosotros. TRES días recibiendo lo superlativo del Señor, lo mejor del Señor, lo que ya no da paso a un después.
Esos TRES días se convierten en un siempre al lado del Señor, es caminar toda la vida a su lado, es solo esperar y confiar que no nos despacha sin el alimento de su presencia para que no desfallezcamos.
El sabe de todas y cada dificultad y siempre está dispuesto a ofrecernos el alimento de su Palabra, que cada día nos fortalece y nos llena de El.
Cada día en nuestra vida está completando el tercer día en nuestro caminar, o sea Jesús siempre está con nosotros.
Sigamos a Jesús, El conoce desde donde venimos, que tan lejos hemos caminado y el peso de nuestra carga.
Ya tiene una provisión aún hasta para cada necesidad que todavía no existe.