CUANDO DIOS ESTA POR ABRIR CAMINOS DONDE NO LOS HAY

No sé por dónde empezar a escribir este día.

Hay tanto que se presentó el día de ayer y creo que voy a tratar de ir narrando los acontecimientos y cómo el Espíritu Santo fue presentándome versículos de la Palabra de mi Señor. Versículos que en un momento de mi vida quedaron almacenados en mi mente y en mi corazón sin ningún motivo especial….hoy vuelven a renacer y en esta situación por la que estoy atravesando me dan la oportunidad de vivirlos en carne propia, me dan la oportunidad de contemplar el mar en sus profundidades, no solamente desde la orilla.

El día de ayer, por solicitud de una de mis hermanas, quien es la propietaria de la casa, procedieron a la suspensión del servicio de agua, sin ningún aviso, exactamente como el ladrón que llega a robar de repente. No hubo ninguna notificación, sino sólo se procedió.

Tardé alrededor de dos horas en asimilar lo que había pasado, el tiempo se me fue en tratar de confortar a mi familia, al prometido de mi hija que ha venido desde Canadá y a disparar una cantidad de súplicas y conversaciones entrecortadas con mi Señor.

Venían muchos versículos a mi mente, versículos que últimamente se habían estado repitiendo, y comencé a comprender esa grandeza de mi Señor y a llenarme de su OMNIPRESENCIA, OMNISCIENCIA y OMINIPOTENCIA.

Cada vez que agradezco cómo mi Señor se ha hecho cargo de todas mis tormentas, viene a mi el hecho de que debo mantener mi vista en el Rostro de mi Señor, en el Rostro del Eterno YOSOY, este YOSOY que se presentó en medio de la tormenta antes de subir a la barca y que les dijo: «no tengan miedo, tengan ánimo SOY YO» (Mt. 14, 27 NTV) ese YOSOY que hace miles de años dejó tantas promesas que llevan mi nombre y que gracias a esta difícil situación, no habría tenido la oportunidad de vivirlas, sólo las conociera, pero ahora, las vivo, las respiro, las mastico……

La primera que se hizo presente es la promesa que me entregó a través del profeta Hazahiel cuando le dijo al rey Josafat, al pueblo de Israel y de Judá y a mí :»no teman ni se acobarden, porque esta guerra no es de ustedes, sino del Señor. ¡NO TENDRAN QUE PELEAR!, vayan y háganles frente y vean como Dios los salva. No teman ni se acobarden, Dios está con ustedes». Esta promesa se toma de la mano con la otra que dice: «ningún arma forjada contra ustedes prosperará, quien los acuse ante el juez, caerá». Sí que han sido parte de los pilares que me han sostenido y que siguen sosteniéndome, porque estoy en la batalla del desalojo de esta vivienda.

Ayer lloré, me angustié, me afligí, me preocupé, desconfié, me llené de temor y en ese momento todos esos ejércitos se lanzaron sobre mí. Perdí el ánimo, mi fe se tambaleó con una fuerza devastadora y no entendí lo que el Señor mi amado Padre había permitido.

Hoy sigo sin entender, todavía no tengo el servicio de agua reestablecido pero mi Señor no me ha dejado sin agua, y gracias a la guía del Espíritu Santo, aprovecho la precaria situación para darme cuenta que la provisión de agua ha sido suficiente, porque voy a tener la oportunidad cuando abra un chorro, sentir un enorme agradecimiento y he experimentado este gozo de no haber tenido a ver que tengo mucho más de lo que podría haber deseado o imaginado. Es como ese gozo cuando la enfermedad ha pasado, si no experimentamos el malestar no experimentaremos la dicha de sentirnos bien. Y otra promesa viene a mi mente cuando el Señor nos dice: «no hay que decir ¿qué es esto? ¡esto es bueno, ésto es malo!, porque todo en su momento tiene su razón de ser.

Hoy vengo de presentar un documento ante la FISCALÍA, para ver si consigo el que «esa arma forjada contra mí», no prospere. Lo que sí sé es que a pesar de que todo siga igual,esa «paz que sobrepasa todo entendimiento, guarda mi corazón y mi mente en Cristo Jesús».

Sé que mi Dios de quien es toda mente y corazón humanos, es el único que puede hacer que mi hermana y su esposo cambien de parecer, y que si no lo ha hecho es porque ese es el camino, la manera y el tiempo que Él tiene para soltar otra hermosa e inimaginable bendición.

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