Cuando después de la resurrección de Lázaro, la pregunta sobresaliente fue «¿Por qué no evitó la muerte de Lázaro?, ¿Por qué si lo amaba tanto no hizo algo?, ¿Por qué sanó a otros?
Qué pena me dá cuando yo procedo de igual manera, cuando utilizo las bendiciones que mi Dios ha obrado en mi vida o las que he podido observar en la vida de otros, y utilizo estos favores, estos milagros para exigir al Señor lo que me he emberrinchado en obtener.
¡Qué pena me doy yo sola!
Ayúdame Señor a llenarme de Tí en cada oportunidad de agradecerte por lo que has hecho, por lo que estás haciendo y por lo que tienes para mi
