JUZGANDO A LOS DEMAS

Mucho decimos y escuchamos cuando hablamos del tema de juzgar a los demás y quiero compartir un ejemplo que leí en un sermón, cuando se estaba impidiendo que cierta persona participara en la actividad de formar parte del grupo de catequistas en un grupo. La opinión era fuertemente rechazar a esa persona, pero no por un estudio objetivo de su forma de ser, sino porque no era del agrado de algunos que tomaban la decisión.
Aquí va el ejemplo:

«En una de las iglesias fuertemente creciente y llegando a ser la más grande del cristianismo, un hombre fue requerido para predicar un sermón, el hombre era conocido por ser un bocón, extremadamente sincero pero la mayor parte bastante problemático, conocido por tropezar cando las tensiones emocionales recaían sobre él, en una ocasión llegó a tomar el Santo Nombre de Dios en vano y en algunas veces desobedeció instrucciones.
¿Podría este hombre tener el derecho de predicar un sermón en esa iglesia?
La unánime respuesta de un NO fue escuchada con indignación.
A lo que el expositor respondió, Pedro quien predicó el primer sermón en Pentecostés el día de Pentecostés, semanas antes de esa ocasión juró no conocer a Jesús, maldijo, profanó, lideró a los otros discípulos que se fueran de pesca, cuando las instrucciones eran que fueran a predicar, pero Dios conociéndolo lo tomó tal cual era y lo preparó y lo designó para predicar el primer sermón en la iglesia cristiana».

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