Cuando en ocasiones medito en el tercer misterio de dolor «La cruz a cuestas por el monte El Calvario» pienso en que al tomar aquel madero tan pesado en forma de cruz, con todas nuestras actas de liberación, comenzó su camino hacia el Gólgota dándole oportunidad al pecado de adherirse a su divina humanidad en lo que duraba ese trayecto, haciéndole caer en repetidas ocasiones debido al peso de su horror.
En todas las veces que cayó se levanto….. se puso de pie por el amor que me tiene, por el amor que nos tiene.
También para que el pecado no perdiera su oportunidad de seguir adhiriéndose a su cuerpo, para mantenerse consiente en ese espantoso proceso, aceptó la ayuda del cirineo, exponiéndose al incremento de burlas y ofensas.
Pero también nos enseñó la importancia de aceptar la ayuda en nuestras cargas, a ser humildes y reconocer que en el camino hacia nuestro éxito debemos aceptar esa ayuda que Él nos manda a su muy especial manera de hacer las cosas.
Y así llegando al punto de su crucifixión, alargó su agonía dando espacio al pecado de seguir adhiriéndose a su preciosa humanidad, sufrió dolores físicos inimaginables, innombrables, sufrió contradicciones de gente mala, miradas de desprecio, pensamientos de rechazo, de crítica porque no era el Mesías auto imaginado por notros, porque no le reconocimos como al verdadero Mesías. Y en su gran compasión, siendo aun pecadores intercedió ante el Padre por nosotros, nos entregó a su preciosísima Madre como nuestra Madre, y ella volviendo a decir «SI», nos aceptó como hijos siendo los causantes de su dolor, de la pasión y muerte de su amadísimo Hijo.
Luego cuando el último pecado logró su espacio en su cuerpo, dio un grito antes de morir y para mí fue un grito de victoria porque todo se había cumplido de acuerdo a la voluntad del Padre, entonces, entregó su Espíritu al Padre, muriendo con su divina Humanidad el pecado y nosotros con Él.
Pero inmediatamente viene la alegría de recordar que al tercer día de su resurrección, fuimos bendecidos con el bautismo de su resurrección y hoy nos permite cada día ser criaturas nuevas en Él, tenemos la oportunidad cada día de vestirnos de Él, de imitarlo, de esforzarnos para que su Sangre Preciosísima no haya sido derramada en vano.
Qué hermoso es meditar en las riquezas del Santísimo Rosario que es una corona de rosas para nuestra Madre.