LLevo varios días alabando a mi Señor con el Salmo 107, que inicia diciendo que alabamos al Señor porque su misericordia es eterna.
En la situación que me encuentro, y gracias al Espíritu Santo, recordé un versículo en el segundo libro de crónicas capítulo veinte, cuando el rey Josafat enfrenta una terrible aflicción al recibir una amenaza de ataque, en su oración y súplica recibe palabra de Dios a través de un profeta y le dice que no tiene que temer, que la guerra no es de él sino de Dios, le asegura que no tendrá que pelear y que lo único que tiene que hacer es hacerles frente. Que Él, Dios, está con ellos.
Confiados al día siguiente van al enfrentamiento y comienzan su jornada con una alabanza que precisamente inicia con un «glorifiquemos al Señor, porque su misericordia es para siempre».
El punto al que me quiero enfocar es que hoy casi un año después de que escuché esta prédica que hoy vuelvo a escuchar y que me estuvo siendo sugerida durante varios días, que hasta hoy y la escuché.
Escuché el sermón en el que se habla del salmo 107, en diferente tiempo, con diferente enfoque, y una vez más, Señor, me estremezco al contemplar como tu Palabra es Palabra viva, eterna y que a través de ella puedo ver como siempre estás presente.
!GRACIS SEÑOR¡
