Meditando en el segundo misterio de la luz, «Las Bodas en Caná de Galilea», pienso en ese matrimonio que comenzaba su vida en común, con toda la ilusión con que las parejas comenzamos nuestra vida, y pienso en la preocupación que por un instante, opacó aquella celebración.
Para todos llega ese momento…..ese preciso momento en que nos encontramos entre la espada y la pared, entre las aguas del mar y los carruajes egipcios, y así podría mencionar tantas otras ocasiones en las que Dios siempre abrió un camino.
Lo que llama mi atención es ese momento de vergüenza que aquellos novios y sus familias debieron experimentar por haberse quedado por el componente más importante de la celebración: el vino.
Pero solo fue por un instante y luego fueron bendecidos con el milagro de la conversión del agua en vino. Tuvieron que atravesar un momento bochornoso para recibir una eternidad de gozo.
Hay momentos muy difíciles en nuestro caminar, bochornosos, apenantes, con miradas de reproche y burlas, qué se yo cuantas otras formas de pasar situaciones difíciles. Pero si recordamos este episodio constantemente, sentiremos paz, sosiego, tranquilidad, que nos mantendrá expectantes mientras llega ese momento de ver nuestra agua convertida en vino, no le temamos a los contratiempos, a lo reveses, a los tropezones, todo en el plan del Señor tiene un propósito divino.