Pienso en las incontables promesas de Dios que encontramos en la Biblia.
Hay tantas con nuestro nombre…..en una ocasión le pedí a Dios que me concediera memorizar toda la Biblia, grabarla en mi mente así como también en mi corazón. Pero me contesto que grabaría y atesoraría las que llevan mi nombre.
Después de haber guardado la primera promesa en mi corazón, y, gracias a su inmenso amor y a su infinita misericordia que es nueva cada día, me permitió recordar esa promesa una y otra vez, y no fue sino hasta diez años después de haberla grabado en mi corazón, que esa promesa volvió a hacerse presente en mi caminar y fue entonces en ese preciso momento que el Divino Espíritu me enseño que las promesas del Señor, no tienen fecha de caducidad…..que no son solo para una vez…….no son solo para un uso……que permanecen vivas y activas siempre acompañándonos en este caminar hasta llegar a nuestra casa.
Aprendí que cada promesa es como la columna de fuego o la nube que acompaño a Israel en su travesía por el desierto.
No tenemos porque temer, El mismo nos dice cada día, a través de la afirmación que Moisés hizo ante Israel cuando estuvieron frente al mar y tenían a sus espaldas al ejercito egipcio:¨no teman y permanezcan firmes y verán la obra de Dios y como El los rescata hoy, y a todos esos egipcios que hoy ven, no los volverán a ver, Dios peleara por ustedes y ustedes solamente miraran¨.
Cualquier egipcio del que nos encontremos huyendo o que aparezca en nuestro camino, solo tenemos que recordar que yace en las profundidades del mar porque Dios, quien es Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente ya peleo por nosotros.