RECIBIENDO LA LUZ
JOHN BLANCHARD
Iniciando mis oraciones de cada día, al darle gracias a Jesús porque siendo Dios, guardó su divinidad en un cuerpo humano, con el propósito de venir a este mundo para entregar su vida y derramar su sangre por nuestra salvación.
Me lleno del pensamiento que siendo hombre conoció todo sentimiento humano, ha sido el único ser humano en el que todos los sentimientos se han juntado, ha sido el único humano que luchó una ardiente batalla contra una tentación que no era generada por deseos humanos como a la que todos nos enfrentamos, fue una lucha que le provocó sudar gruesas gotas de sangre, tuvo la fuerza de guardar silencio y caminar un largo trayecto con un madero en forma de cruz, con todas nuestras actas de liberación e inmensamente pesado sobre sus hombros., dándole espacio al pecado de adherirse a su carne y alargó su agonía para que el pecado terminara de adherirse en su cuerpo.
Y, cuando el último pecado se adhirió a su cuerpo con un fuerte grito, para mí, de victoria, entregó su Espíritu y su preciosa carne a la muerte, muriendo el pecado y nosotros también.
Pienso que en ese preciso momento que seguramente el cielo cantó de gloria, celebró el triunfo tanto esperado, porque el inicio del triunfo eterno de nuestro Señor había comenzado y culminó al tercer día cuando fue resucitado por el Padre.
Entonces con su muerte venció al pecado y con su resurrección venció a la muerte.
¡GRACIAS SEÑOR JESUS!
Cada día enfrentamos luchas contra tentaciones, enfrentamos una lucha para tomar decisiones enfrentamos una diversidad de luchas internas, mentales, espirituales. Pero también enfrentamos luchas físicas antes las desavenencias con algún conocido, familiar o compañero de trabajo….. a través de su Palabra, el Señor siempre nos provee de alguna parte de Él y en muchas batallas que hoy recuerdo, siempre se anticipa preparándonos para cualquier batalla, se presenta de manera personal para cada uno de nosotros y para clase de batalla, para inyectar nuestra dosis de vitamina que nos recuerda que siempre está con nosotros, para recordarnos de que no desconoce cómo y dónde estamos, nos recuerda que las batallas ya fueron ganadas por Él y que son de Él, no nuestras, que Él siempre pelea por nosotros…..
Recuerdo como cuando el rey Josafat recibió amenaza de ataque, Dios dijo a través de un profeta que no tenía nada que temer, que la guerra le pertenecía a Él y que no tendría que pelear, es más lo animó a que les hiciera frente y le aseguró que no tendría que pelear.
Cuando Ezequías era amenazado por el rey asirio Senaquerib le recordó que el ejército asirio se apoyaba en su ejército, pero que Él era el apoyo de Israel, cuando envió a Gedeón y a Moisés a sus respectivas misiones, les recordó que Él estaba con ellos…. y así, vemos como siempre está dándonos esa seguridad de que siempre está con nosotros.
¡GRACIAS AMADO SEÑOR!
En el libro de Josué en los capítulos 3 y 4 se describe el paso a través del río Jordán, siguiendo la indicación de Dios, Josué escogió a doce hombres, uno por cada tribu, para recoger doce piedras del área en donde se encontraba el Arca, mientras el pueblo pasaba, que serían utilizadas como un recuerdo cuando Dios dividió las aguas del Jordán, para que el pueblo pasara sin problema.
Nosotros también cada vez que tengamos la oportunidad de pasar ese río de incertidumbre, de temor, de avance….cuando pasemos a la otra orilla, no olvidemos de llevar nuestra roca a través de la cual estaremos conmemorando la presencia de Dios en cada situación, fortaleciéndonos en su presencia y en su espectacular manera de actuar, reforzando nuestra espera al recordar su propósito en cada momento de nuestra vida.
¡GRACIAS AMADO SEÑOR!