A TRAVES DE NUESTRO PASADO
W. PHILLIP KELLER
Seguido medito en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, un milagro que se repitió en dos ocasiones.
Me encanta saber que cuando Jesús estuvo presente en este mundo, me vió aun cuando ninguno de mis días existía, y ahora que existen Él sigue presente. A través del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, recuerdo la primera vez que leí, cuando después del milagro, Jesús se da cuenta de la preocupación de los apóstoles por la falta de pan, recuerdo como se detiene y los reprende haciéndoles recordar las dos veces en que se dió el milagro, de cuantos quedaron satisfechos y de las sobras que les pidió que recogieran para que no se desperdiciaran.
Y al final de la reprenda, dijo algo que se grabó en mi corazón, «y aún no entienden…» ese y aún no entienden me hace darme cuenta de que Jesús proveyó en ese momento el alimento espiritual con su prédica y también el alimento físico con una provisión de pan y peces inagotable. Ayudó a Felipe a confesar que no sabía que hacer cuando lo impulsó a que dieran de comer a aquella gran multitud, y le mostró que Él sí sabía lo que haría, lo sabía desde la eternidad y entregó una provisión que tenía preparada desde la eternidad y que existía mucho antes de que la necesidad existiera.
En ese «y aún no entienden….» gracias al Espíritu Santo, que no se cansa de mí, voy entendiendo un poquito más cada vez, sé que tengo la oportunidad de confesar cuando no sé que hacer, sometiéndome de esta manera a mi Señor, abro la puerta para que Él me muestre que Él sí sabe y que ya lo hizo. Entiendo que aunque no vea la provisión, la provisión ya existe, que cuando me dice que guarde las sobras para que no se desperdicien, es para que no se desperdicien en el olvido, entiendo que cada pedacito de sobra, es una provisión para cada necesidad, aunque ésta todavía no exista. Entiendo que aunque no vea la provisión, ésta se hará presente en el momento preciso.
¡GRACIAS SEÑOR! porque cuando mis días aún no existían, tu me viste, me invitaste a sentarme sobre pasto verde y llegas hasta donde estoy con mi provisión. Y hoy que mis día existen, sigo recibiendo la provisión que preparaste desde la eternidad.
Cuando comencé a acercarme más a Dios, atravesé momentos donde las ataduras de mi esclavitud a la autocrítica, a la culpa, a creer que si caía no tendría más oportunidades y tantos otros pensamientos negativos que revoloteaban jugando alegremente en mi mente, comprendí que así como Israel después de haber sido liberados de Egipto, seguían añorando la situación que los había oprimido por tanto tiempo. Y cuando viviendo cada día al amparo del Dios Altísimo no se atrevieron a conquistar la tierra prometida. porque las cadenas, aunque invisibles, seguían pesando igual.
En mi pensar decía que si sentía temor, no podía esperar que Dios hiciera algo por mí. Una vez más ¡qué equivocada estaba!
No hay nada de mi actuar que sorprenda a Dios, Él conoce cada uno de mis pensamientos, de mis acciones, nada……nada…..nada lo sorprende y cuando me salgo del camino, cuando dejo que los ruidos de mi mente me guíen por otras sendas siempre me atrae hacia Él. Como en el caso de Abraham, cuando perdió de vista la promesa de Dios, Dios siempre cumple lo que está en sus planes. Cuando fallamos, cuando atravesamos situaciones difíciles Él siempre está presente.
Cada día te suplico amado Espíritu Santo que me des la docilidad que me permita dejarme acercar a mi Padre a través de su cayado, a dirigir mis pasos al sonido de su vara.
¡MUCHAS GRCIAS MI SEÑOR!
Aunque todavía no logre comprender el enorme sacrificio de Jesús, que no solo comprende el hecho de haber entregado su vida y derramado su sangre por mí, voy aprendiendo a comprender como el mismísimo Dios, guardó su divinidad en un cuerpo humano.
Padeció cosas que no hemos experimentado, no quedó nada sin presentarse y en tres años de su ministerio padeció y murió porque viviendo en carne propia nos aseguró que no temamos, nos dió el ejemplo de que había vencido al mundo. Se hizo hombre porque tenía que morir y así derrotar a la muerte.
Pienso que las enfermedades que Dios permite experimentemos, es porque es la única manera de vivir en carne propia los respectivos achaques que nos permiten la oportunidad de unirnos, aunque sea de una manera muy leve, a sus padecimientos, de igual manera las turbulencias que experimentamos son parte de nuestro aprendizaje en la maravillosa universidad de Dios.
¡GRACIAS AMADO DIOS!
Recuerdo el momento cuando me dieron de baja en mi trabajo, así como también el día en que comencé a trabajar. Dos situaciones opuestas pero con el común denominador: la presencia de Dios.
Obviamente en la primera ocasión llené mis labios de alabanza y agradecimiento porque el sentimiento de alegría y paz de que podría atender mis necesidades, estaría llegando a través del pago quincenal de mi salario.
En la segunda ocasión, gracias al Espíritu Santo, que no se cansa de mí, al recibir la noticia me puse de rodillas y de igual manera alabé al Señor y le dí gracias. Creo que un momento, que no duró mucho me pregunté ¿qué haría a partir de ese momento? y como en un soplo Dios contestó, no con palabras, fue un soplo de que Él tenía el control. Fue una respuesta no en palabras, porque muchas veces las palabras van perdiendo fuerza, pero fue una respuesta que se apoderó de todo mi ser entrando en mi entendimiento humano y espiritual como una intravenosa cuando entra al torrente sanguíneo. Quedó impresa en todo mi ser.
Y en su inmenso Amor e infinita Misericordia que es nueva cada día, siguió encargándose de mi provisión espiritual, económica, de vivienda y todo lo que cabe en la palabra provisión.
A través de esta experiencia que siempre cuida de mí, ayudó a que mi confianza fuera transformada de sentirme segura a través de lo que mis ojos percibían, o de la manera acostumbrada de recibir provisión, Él me confirmó que todo viene de Él.
Comprendí que me ama tanto que para acercarme a Él y vivir cada día de su presencia, apartó lo que era una pared que me impedía seguir acercándome a Él y disfrutar de su grandeza.
Ayúdame Señor a seguir alabándote al recordar tu presencia en nuestra vida, y fortalecerme sabiendo que en todo hay un propósito divino. Que TIENES EL CONTROL DE TODO.
¡GRACIAS SEÑOR!