«La historia de Job, nos enseña que el lamento puede convertirse en danza, y que nuestra alabanza a Dios no debe depender de nuestras circunstancias. Al igual que Job podemos decir: – Aunque venga la enfermedad, mientras viva, te alabaré. – Aunque mis labios quieran callar, mientras viva, te alabaré. – Aunque el desierto me quiera secar, mientras viva, te alabaré.
En su enfermedad, Job oró por sus amigos, en su escasez, Job oró por la provisión de sus amigos.
A veces en medio de nuestra escasez, dolor o angustia, Dios nos llama a servir a otros».
A continuación deseo compartir algunos pensamientos que Dios permitió que llegaran a mí justo en el momento en que los he necesitado. Ha sido un destello de su presencia, una muestra de que sabe por lo que estoy pasando, una palmadita en la espalda en la que me dice que no tema, que Él TIENE EL ABSOLUTO CONTROL DE TODO.
«A veces un no de Dios es la respuesta que necesitamos».
«La provisión de Dios, no siempre llega como esperamos, pero nunca llega tarde».
«Jesús dijo: «Yo soy el Pan de vida», Él es nuestro sustento, alimenta nuestro cuerpo, nuestro corazón. Trae paz cuando hay ansiedad, esperanza cuando no vemos salida, palabra viva cuando estamos secos. Él nos sirve lo que más necesitamos, a veces fuerza, otras consuelo, otras respuesta o simplemente su presencia».
«Dios tiene recursos infinitos y un poder ilimitado».
«La paz no viene de tener todas las respuestas o una vida fácil. La paz viene de tener la presencia de Dios».
Espero que estos pensamientos llenen todo vacío por el que estamos pasando, que respondan toda duda que nos angustia.
Estando alertas cada día tenemos la oportunidad de tropezar con el Señor. A veces nos lo topamos situaciones llenas de gozo, otras veces en situaciones difíciles, situaciones asfixiantes… entonces, Dios que se presenta de maneras extraordinarias, sorprendentes y a través de su muy peculiar manera de actuar llega antes de desfallecer, y, al preguntarnos ¿por qué permite que atravesemos esa situación, si siempre nos rescata?, existen millones de respuestas a esta pregunta, pero hoy deseo compartir una de ellas, y es que a través de esas situaciones, y habiendo recibido el consuelo del Señor, tenemos la oportunidad de consolar a otros compartiendo nuestra experiencia personal. Podemos compartir el consuelo con el que fuimos consolados, podemos compartir con otros la Gloria de Dios en nuestras vidas.
Estemos atentos para llenarnos de esos maravillosos tropezones.
Todos hemos escuchado esos cuentos en donde se encuentra una princesa atrapada en un castillo, encerrada bajo mil candados y con un dragón impidiendo que alguien se acerque para rescatarla.
Pero al final siempre llega el príncipe valiente, que no le teme a nada y que muestra el inmenso amor por esa princesa cuando arriesga el todo por el todo, incluyendo su vida por rescatar a la princesa.
El día de ayer leí algo que me recordó estas historias, no recuerdo muy bien quien lo escribió pero decía así : «Para ver a Dios calmar nuestra tempestad, es necesario estar en la tempestad; para ver a Dios mover montañas, es necesario toparnos una».
Y medité que aquellas princesas pasaron por momentos de mucha angustia, de depresión, de una rendición a no seguir manteniendo viva la esperanza porque lo que veían no tenía ningún tipo de solución. Posiblemente ni siquiera imaginaron que habría alguien dispuesto a luchar por rescatarlas, y sin embargo sí existía. Llegó en el momento menos esperado, tavés de una forma inusual o cuando ya no podía más. No lo sé…..pero gracias al Espíritu Santo, que no se cansa de mí, comprendí que todos tenemos ese Príncipe, quien tiene sus ojos directamente sobre nosotros y que llega justo en el momento preciso. Ese Príncipe es Rey de Reyes y Señor de Señores, es Hijo del Dios Altísimo y que entregó su vida por nuestro rescate. Es cierto que como aquella princesa atravesamos situaciones que no comprendemos, situaciones dolorosas, situaciones angustiantes, también tenemos la oportunidad de mantener viva nuestra esperanza porque ese Príncipe siempre llega, que no solo actúa una vez en nuestro rescate, lo hace siempre, que su rescate no tiene fecha de caducidad.
Hoy te pido Divino Espíritu Santo que me ayudes a permanecer firme, de pié, junto a mi Señor sobre la roca.
Recordando tres diferentes episodios que relatan una liberación: – Jeremías 38, 12 cuando es rescatado con unas cuerdas. – Pablo y Silas He. 16, 25-26 cuando encerrados en la cárcel a medianoche se pusieron a cantar himnos y a orar, fueron liberados cuando las puertas de la cárcel cedieron ante un terremoto. – Pedo, He. 12,16, 6-10 cuando fue encarcelado por Herodes, fue liberado por un ángel atravesando barreras y guardias que obstaculizaban cualquier intento de escape.
Veo, gracias al Espíritu Santo que no se cansa de mí, como el Señor a través de su inmenso amor y de su infinita Misericordia, que es nueva cada día, nunca nos deja solos, permite que atravesemos situaciones muy difíciles y cuando somos víctimas de algún hábito que nos asfixia con sus lazos, Él siempre nos libera. Lo realiza a través de personas que envía a nuestras vidas, nos libera a través de eventos incomprensibles a nuestro entendimiento o a través de sus ángeles, fieles mensajeros.
Esperemos en ese Dios vivo, fiel y amado Padre, quien se acerca a nosotros en el momento que Él ha dispuesto para ser liberados, talvez no fue antes porque no estábamos preparados para llenarnos de la bendición de su presencia, o no hubiésemos atendido a su llamado.
«No necesitas construir tu propio terreno, perteneces al SUYO. No necesitas sostenerlo todo, su PODER te sostiene. No necesitas impresionar a nadie, su GLORIA es suficiente»
«Dios conoce las necesidades de sus hijos, y las atenderá todas a su manera y según su propio plan. Pero de vez en cuando puede ser tentador querer seguir nuestro propio camino, quizás apresurar el resultado deseado. Sin embargo es fundamental no adelantarse a Dios, ni seguir un camino que nos aleje de Él. Confiar en el Señor, nos proveerá de todo lo que necesitamos en el momento perfecto y su manera». CHARLES STANLEY
En el libro de Proverbios 5, 3; y en el Salmo 55, 21, se menciona a una «mujer seductora» de quien se reciben palabras de dulzura, todos estamos a la orden de esa tentación que esta mujer nos ofrece, todos escuchamos esas palabras seductoras que deseamos escuchar, todos escuchamos esas dulces invitaciones a caminar hacia la tentación. Esta mujer al igual que una Jezabel, que conoce nuestras debilidades, nos ofrece la dulzura de la satisfacción momentánea de nuestra carne y que al ir ganando terreno en nuestra voluntad, terminan por destruirnos.
Pidamos al Espíritu Santo guía y discernimiento para distinguir una verdadera melodía del canto de una sirena.
«Estad quietos y conoced que Yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra» Sl 46, 10
Sabemos quien es Dios, pero posiblemente no lo conocemos. Al inicio del versículo 10 del Salmo 46, claramente Dios nos indica que para conocerlo debemos estar quietos.
¿Qué significa estar quietos? según traducciones de algunos diccionarios es un adjetivo que significa que no nos movemos, que estamos inmóviles, en reposo.
Quieto en el sentido bíblico es detenerse, dejar de luchar y rendirnos ante nuestro amadísimo Padre para quien nada es imposible.
Al seguir la recomendación del Señor y dejar de luchar por solventar nuestras necesidades, al dejar de luchar por alcanzar nuestros deseos y sueños tratando de hacerlo solos con nuestros propios recursos, es cuando entregando la tentación de confiar en nuestro propio proceder y dejarlo a Él ser Dios en nuestra vida, es como aprendemos a conocerlo. No es que algún día completemos esta tarea, pero es una tarea que al permanecer quietos, dejamos a Dios actuar y mostrar su OMNIPOTENCIA, su OMNISCIENCIA y su OMNIPRESENCIA y al ir haciendo nuestro ejercicio diario de quietud, un poquito más cada día, aprenderemos a descansar en el cuidado que nuestro Padre tiene por nosotros. Aprenderemos que confiamos en un Dios para quien nada es imposible, que resucita a los muertos y trae a existir lo que no existe. Aprendemos a confiar en un Dios que nos ama, que es nuestro Creador, nuestro Padre y sobre todo, que es un Dios que TIENE EL CONTROL DE TODO.
En el hermoso y poderoso HÁGASE de Dios, todos venimos a existir y como dice en su palabra, Él escogió con exactitud un tiempo y un espacio para cada uno de nosotros.
Muchas veces, por no decir la mayoría de las veces, etiquetamos a las personas con nuestros propios criterios, atendiendo a lo que vemos superficialmente sin conocer sus corazones como los conoce Dios. Pero en su palabra me doy cuenta de que todos somos parte de su Plan y estamos presentes en sus propósitos.
Recuerdo solo algunos ejemplos, que fueron parte de situaciones difíciles e incomprensibles como el caso de Senaquerib al querer invadir el Templo, fue detenido por el Ángel del Señor a escasos pasos de atacar, cómo de repente algunos pueblos decidieron invadir al rey Josafat sin motivo alguno, y Dios se hizo cargo de esa batalla, la acción de Rahab quien no había podido llevar una vida más decente, el emperador romano quien exigió el empadronamiento de los israelitas en la ciudad a donde pertenecían y que hizo que José y María se dirigieran a Belén justo en el momento preciso para recibir a Dios en su presencia humana……..y así cada vez que leo la Palabra de mi Padre amado, voy incrementando esta lista y recuerdo también algo que dice que no hay que decir, ¿por qué esto? ¿por qué aquello? ¡esto es malo!: porque Él mismo afirma que todo en su debido momento tiene su razón de ser. Y encuentro gran bendición que después de cada situación hubo el propósito divino de mostrarse en todo su esplendor.
Todo y todos tenemos un propósito divino en el Plan de Dios, nada se mueve sin que Él no lo permita, si por algún motivo estamos atravesando algo que no entendemos, algo que altera nuestra paz o si por alguna razón hemos abierto la puerta al pecado, no dudemos del inmenso amor de Dios, de su infinita Misericordia que es nueva cada día y levantémonos tomando su Mano siempre extendida, pongámonos en pie y digamos con certeza, así como lo dijo Pedro cuando el Señor lo invitó a volver a tirar sus redes: «una vez más Señor porque tu lo dices»