Cuando somos quebrantados es porque en ese preciso instante Dios está tan cerca de nosotros, ese quebrantamiento es como cuando se inclina hacia nosotros para podar nuestras ramas y que sigamos floreciendo, es la acción de deshacer la vasija hecha para volver a construirla.
En el quebranto es cuando nuestro Padre está tan cerca de nosotros.
