Hace algún tiempo cuando pensaba en la pasión y la crucifixión de nuestro Señor, no entendía el concepto de victoria que se le aplicaba, porque me preguntaba: Señor, como es esa victoria cuando hay tanta maldad en el mundo?
Gracias a la guía del Espíritu Santo comprendí un día que estaba analizando este hecho, únicamente desde un punto de vista humano, y en su inmenso amor y en su infinita misericordia que es nueva cada día, me guio a comprender que con su muerte tan necesaria, vino luego una resurrección al tercer día.
No se puede negar el hecho que al igual que el pecado también morimos nosotros, recibiendo el bautismo de su resurrección al tercer día.
A través de ese bautismo fuimos sellados con su Espíritu, recibimos ese Espíritu t o d o s, malos y buenos. En ese momento descubrí, siempre gracias al Espíritu Santo, que no hay ser humano que no halla sido sellado, los que habían existido antes, los que estaban en ese momento, los que estamos ahora y los que ya existen en el mañana.
Lo que significa que cien por ciento hasta los que pierden su alma en los infiernos también llevan ese sello, no pueden estar cien por ciento en el reino de satanás porque ese sello existe, lamentablemente muchos lo desperdiciaron, o no fueron conscientes de ese regalo, pero lo llevan.
Entonces que chasco para satanás que no tiene la completa posesión, pues ese sello estará siempre recordándole la presencia de ese Espíritu que lo venció en la cruz.
Comprendí entonces el poder de tu victoria Señor, y me uno a ti cada día para acompañarte en la eterna celebración sobre el pecado y la muerte.
Perdiste satanás.