UNA PEQUEÑA GRAN LECCION

«y dijo: Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos» Mt. 18, 3.

Pienso que un niño es el ser más confiado, más puro, más sincero que puede haber, además de otras cualidades que cada uno de nosotros observamos en ellos.

Por ejemplo pienso en esos niños que creen en las promesas que les hacemos y que aunque no todas las cumplimos, ellos vuelven a creer. Tienen la fuerza interna para sobreponerse ante una promesa no cumplida y vuelven a creer, y su espera siempre está llena de una gran expectación.
¡Qué increíble lección!

Un niño ante un trato ofensivo recibido por alguno de sus padres, las personas en quien más confían, sigue lleno de amor por ellos, no existe el sentimiento de de la ofensa ante un grito, un maltrato verbal o físico. Sigue estirando sus bracitos para solicitar aquella caricia, aquel abrazo, aquel beso del que siempre está hambriento por recibir.
¡Qué increíble lección!

Así hay muchos adjetivos que nosotros no logramos ver, ni siquiera imaginar, pero Dios nuestro creador y que nos hizo como piezas únicas con su ADN, nos conoce, sabe cómo somos y posiblemente por eso Jesús nos dijo que para tener acceso a su Reino, debemos volvernos como los niños.

Dijo «volvernos», porque nos da la oportunidad de recapacitar, Él que conoce lo más profundo de nuestros corazones, nos da la oportunidad de levantarnos cada vez que caemos e intentarlo siempre una vez más. Pero es importante que sepamos buscar ese niño que hay dentro de nosotros para que en nuestro último intento en el que nos levantemos, sea para atravesar la puerta de su Reino.








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